07 enero 2012

Acerca de la Ética y Deontología profesional

Actuación personal en vida laboral del corrector. Deberes y derechos profesionales. Secreto. Responsabilidad

Motivación y justificación
 
Todo  ser humano desde su nacimiento trae consigo cualidades o dotes que lo caracterizan o le dan una identificación de lo que será en un futuro. Todo esto está sujeto a modificaciones con el desarrollo funcional de su organismo y a la vez con los tiempos. La presentación de todo individuo en las funciones desempeñadas en cada paso de su vida dejará notar su talento y arte de cómo enfrentar cada momento que da paso a su desarrollo intelectual, proponiéndose metas, para llegar a ser un profesional con todas las características que se le exijan.
 Para el desarrollo de cada profesión, arte u oficio, debe complementarse con cursos, seminarios, congresos que amplíen sus conocimientos acerca del comportamiento o de su conducta durante el ejercicio de las funciones asignadas, para llegar así a ejercer la profesión con una verdadera ética profesional. 
Por tal razón nos motivamos a descubrir los requisitos que por "ética" debe tener todo profesional en el ejercicio de sus funciones frente a la sociedad que lo rodea.

 
Objetivos (Propósitos) 
 
 

El objetivo es darnos cuenta de cómo debemos actuar en la vida laboral. Pasan a formar parte de los objetivos los que mencionaremos a continuación:
Crear confianza hacia su persona como profesional, así como frente a la sociedad que lo rodea.
Tratar de alcanzar las metas propuestas en el desarrollo de la profesión elegida. 
Conocer los diferentes rasgos que debe tener una persona en cuanto al aspecto profesional.
Lograr ser un profesional que conoce al máximo sus deberes y derechos para darse por entero a su función laboral.




Introducción

 

La Ética es un concepto que encierra un gran significado, tanto en el ámbito personal como en el ámbito profesional. Mediante ésta se hace posible un orden personal y, así mismo, conlleva a un orden público en general. Con la ausencia de este factor en cada uno de los diferentes aspectos en que nos desenvolvemos, se crearía una serie de problemas que tendrían como consecuencia un desorden personal en cada ser humano, lo que no traería resultados muy desagradables. Es por tal razón que debemos trabajar con más eficacia la moral con la que realizamos nuestros trabajos para resolverlos lo más correctamente posible, siempre y cuando podamos cumplir nuestros deberes como profesionales y podamos exigir nuestros derechos como tales.
Existen diferentes deberes y derechos que debemos tomar en cuenta, pero el que ahora nos concierne es el secreto profesional, donde cada profesionista no tiene derecho de divulgar información que le fue confiada para poder llevar a cabo su labor; esto se hace con el fin de no perjudicar al cliente o para evitar graves daños a terceros.
A continuación, veremos de una forma más amplia y detallada qué es la Ética profesional, la responsabilidad y el secreto profesionista.


La Ética Profesional



El vocablo ética proviene del griego y tiene dos significados. El primero procede del termino éthos, que quiere decir hábito o costumbre. Posteriormente se originó a partir de éste la palabra êthos que significa modo de ser o carácter. Aristóteles considera que ambos vocablos son inseparables, pues a partir de los hábitos y costumbres es que se desarrolla en el hombre un modo de ser o personalidad.
Su sinónimo latino es moris, de donde deriva el término moral. Tanto la ética como la moral señalan la línea demarcatoria entre lo lícito y lo ilícito, lo correcto y lo incorrecto, lo aceptable y lo inaceptable.
La ética anida en la conciencia moral de todo ser humano y le sirve de motor, de freno o de dirección, según los casos, al momento de actuar. Por otra parte, el comportamiento ético, lo que llamamos rectitud, no es ingrediente ajeno al ejercicio profesional, como la pintura de una casa que es sólo un aspecto decorativo del cual puede prescindirse. El elemento ético es un componente inseparable de la actuación profesional, en la que pueden discernirse, al menos, tres elementos:
 
    > Un conocimiento especializado en la materia de que se trata
    
>una destreza técnica en su aplicación al problema que se intenta resolver y

    >un cauce de la conducta profesional, cuyos márgenes no pueden ser desbordados sin faltar a la ética.

Hay quienes atropellan, conscientemente y sistemáticamente, esos márgenes, la mayoría de las veces, no por un afán de lucro inmoderado (como ocurre en otras profesiones), sino porque en el accionar diario las instancias de control se difuminan en beneficio de una mal entendida “convivencia armónica”; muchas veces a estos colegas se les califica como profesionales que están faltando a la ética sin que exista un Código Profesional que sancione o respalde lo enunciado.
El resto, por fortuna aún la mayoría, somos simplemente profesionales de la educación que en forma natural hemos asumido entre otras las siguientes normas de convivencia:
    Aceptar que la primera idea que debe venir a nuestra mente en el momento de enterarnos de actividades profesionales “poco claras o ambiguas” realizadas por un colega, será la consideración de esas actividades como realizadas por un profesional fraterno. El imperativo nos dirá: Se abstendrá absolutamente de utilizar adjetivos que representen un juicio subjetivo acerca de lo realizado previamente por un colega.
    Evaluará todo trabajo profesional realizado por otros desde una perspectiva objetiva, crítica y amistosa; otorgará el beneficio de la duda y considerará siempre que la información y las circunstancias, en cada caso, muchas veces no son tan claras y evidentes como lo son una vez que el problema ha evolucionado hasta el momento en que se hace una segunda valoración. El imperativo nos dirá: Se abstendrá de emitir juicios condenatorios o de valor sin antes cerciorarse si se han hecho las indagatorias y verificaciones que el caso amerite.
    No es ético, y si es dañino el menosprecio de un texto, por razones maliciosas, respecto de su capacidad profesional, su conocimiento, sus calificaciones, sus habilidades o enjuiciar los servicios o acciones de otro, ni tampoco lo es la implicación con palabras, gestos o acciones de que un colega, frente a un hecho determinado ha sido mal o inadecuadamente manejado. La utilización de este impropio menosprecio con propósitos de inducir a un directivo, colega o funcionario a emitir juicios reprobatorios es totalmente condenada.
    Debe el mayor respeto al trabajo de sus colegas de profesión, consecuentemente, evitará por todos los medios a su alcance y bajo cualquier circunstancia, lesionar con acciones o palabras (ni mucho menos difamar) el buen nombre y el prestigio de sus compañeros de profesión ante los demás, las autoridades,  los medios de comunicación y la sociedad en general.
Dicho de otra manera, las relaciones del profesional con sus colegas han de estar fundadas en los principios de lealtad, mutuo respeto, consideración y justa solidaridad, deberá evitar toda expresión o juicio que pueda ir en mengua de su reputación y prestigio; se solidarizará con aquel cuya labor sea deficiente, sin desnaturalizar ni desprestigiar su producción.
La ética profesional está constituida por el conjunto orgánico de derechos y obligaciones morales, deriva sus finalidades y normas específicas, de la condición básica de persona en armonía con los anexos que implican exigencias del bien común.
El objetivo de la ética en el terreno de la práctica profesional, es principalmente, la aplicación de las normas morales, fundadas en la honradez, la cortesía y el honor.
El hombre como ente social tiene misiones que cumplir para hacerse útil dentro del ámbito donde se desenvuelve. La formación profesional es un esfuerzo del individuo para el logro de un rango intelectual, que le permitirá una calificación superior y eficiente, así, ganará como tal la obligación de disponerse, en toda ocasión, a devolver a la sociedad, algo de lo mucho que a ella debe reconocerle. Esto justifica lo que no se puede dudar: el profesionalismo es el orgullo de una sociedad y el triunfo de su futuro.    
                                               

Importancia de la Ética Profesional

 

Es verdad que la formación ética llega a veces por otros cauces; y que la mejor enseñanza moral proviene del ejemplo y no del mero discurso. Pero cada profesión afronta problemas conductuales específicos que difícilmente se podrán resolver correctamente si no se les ha previsto y analizado en la etapa formativa, por eso mismo existen los Códigos de Ética de cada profesión, sin perjuicios de los principios y normas de la Ética General.
No debemos olvidar que toda profesión no es sólo un modo de ganarse la vida y realizarse personalmente. También las profesiones tienen un fin social y éste consiste en servir adecuadamente a cada una de las necesidades que la sociedad debe satisfacer para posibilitar el bien común.
De esta manera, las actuaciones contrarias a la ética no sólo dañan a quienes las sufren sino, principalmente,  a la comunidad  humana en que acontecen.
Deberes y derechos del profesional
En virtud de su profesión, el sujeto ocupa una situación que le confiere deberes y derechos especiales, como se verá:  
                                                                                                                                                      
Derechos:

La Vocación. La elección de la profesión debe ser completamente libre, debe entenderse como la disposición que hace al sujeto especialmente apto para una determinada actividad profesional. Quien elige de acuerdo a su propia vocación tiene garantizada ya la mitad del éxito en su trabajo.

Finalidad de la Profesión. La finalidad del trabajo profesional es el bien común. La capacitación que se requiere para ejercer este trabajo está siempre orientada a un mejor rendimiento, dentro de las actividades especializadas para el beneficio de la sociedad. Sin este horizonte ni esta finalidad, una profesión se convierte en un medio de lucro o de honor, o simplemente, en el instrumento de la degradación moral del propio sujeto.

El beneficio propio. Lo ideal es tomar en cuenta el agrado y utilidad de la profesión; y si no se insiste tanto en este aspecto, es porque todo el mundo se inclina por naturaleza a la consideración de su provecho personal.

Capacidad profesional. Un profesional debe ofrecer una preparación especial en triple sentido: capacidad intelectual, capacidad moral y capacidad física.

           > La capacidad intelectual consiste en el conjunto de conocimientos que dentro de su profesión, lo hacen apto para desarrollar trabajos especializados. Estos conocimientos se adquieren básicamente durante los estudios universitarios, pero se deben actualizar mediante la bibliografía, las conferencias y las consultas a bibliotecas.

            > La capacidad moral es el valor del profesional como persona, lo cual da una dignidad, una seriedad y determinada nobleza a su trabajo. Abarca no sólo la honestidad en el trato, en los negocios, en el sentido de responsabilidad para el cumplimiento de lo pactado, sino además, la capacidad para abarcar y traspasar su propia esfera profesional en un horizonte mucho más amplio.

             > La capacidad física se refiere principalmente a la salud y a las cualidades corpóreas, que siempre son  necesarias cultivar, como buenos instrumentos de la actividad humana.

Deberes :

 
Los Deberes Profesionales. El profesional debe propiciar la asociación de los miembros de su especialidad. La solidaridad es uno de los medios más eficaces para incrementar la calidad del nivel intelectual y la moral de los asociados. En fin, se le exige actuar de acuerdo con la moral establecida. Por tanto, debe evitar defender causas injustas, así como usar sus conocimientos como instrumento de agresión y de vicio. Además se abstendrá de producir artículos o dar servicios de mala calidad, hacer presupuestos para su exclusivo beneficio, proporcionar falsos informes, etc. Cuando un profesional tiene una conducta honesta, dentro y fuera del ejercicio de su profesión, atraerá confianza y prestigio, lo cual no deja de ser un estímulo que lo impulsará hacia el recto ejercicio de su carrera.
Por ende, cada profesional tiene la indeclinable obligación de convertirse en medio ejecutor de sus deberes. Para ello le es ineludible disciplinar sus actuaciones técnicas y científicas, perfeccionar su carácter y fortalecer su conducta dentro de las normas éticas. Este es el medio más apropiado para organizar una verdadera actuación profesional.
Entre los principales deberes profesionales podemos mencionar: honradez, honestidad, estudio, investigación, cortesía, probidad, independencia, discreción, carácter, distribución del tiempo, equidad en el cobro de honorarios, prestigiar la profesión, cuidar de su cultura, puntualidad, solidaridad, etc.


Responsabilidad del profesional

 

La responsabilidad debe trazar el rumbo hacia los actos aceptables, hacia las acciones fecundas, actos justos y conscientes, reveladores de la buena fe y la capacidad profesional.
El profesional que se hace cargo de determinada tarea o trabajo propio de su carrera, asume con responsabilidad ante quien le hace la encomienda. Debe tratarlo con el cuidado que le impone su dignidad de profesional, estudiarlo con dedicación, tratarlo con interés técnico y resolverlo conforme a los medios y conocimientos que su real saber y entender le dictan. Sin embargo, puede que se tengan dudas respecto al resultado del problema planteado en el asunto, razón suficiente para que, por el mismo sentido de responsabilidad profesional, recurra a la consulta y a cualquier fuente orientadora para darle la adecuada terminación; pues lo censurable sería devolver al cliente una respuesta sin fundamento o errada, por falta de diligencia o dedicación.
La responsabilidad profesional se manifiesta en la postura de sinceridad demostrada cuando se prefiere rechazar un trabajo del que no se está consciente o con el cual se puede poner en juego su prestigio.
 


Conclusión

 

Para concluir, el buen empleo y uso de los conocimientos morales e intelectuales que nos provee la ética como dogma de comportamiento, es la clave que nos llevará al éxito, no sólo como personas, sino también como entes que desempeñamos funciones en una sociedad en la que cualquier manera de pensar o actuar nuestra influirá de manera directa o indirecta.



Bibliografía

 


  • “Etica en la Profesión: La conexión ética”.- Jorge Carlos Beneito sj. Universidad Pontificia Comillas ICAI - ICADE Departamento de Pensamiento Social Cristiano. Madrid España.

  • Enciclopedia Microsoft Encarta 2000.

  • Diccionario enciclopédico Larousse

  • Enciclopedia Quillet.

  • www.yupimsn.com

  • www.altavista.com

  • www.google.com


06 enero 2012

Acerca de la Ética y Deontología profesional


Actuación personal en vida laboral. Deberes y derechos profesionales. Secreto. Responsabilidad


  •  

    Motivación y justificación

    Todo  ser humano desde su nacimiento trae consigo cualidades o dotes que lo caracterizan o dan una identificación de lo que será dicho ser en un futuro.
    Todo esto, esta sujeto a modificaciones con el desarrollo funcional de su organismo y a la vez con los tiempos .La presentación de todo individuo en las funciones desempeñadas en cada paso de su vida dejara notar su talento y arte de cómo enfrentar cada momento que da paso a su desarrollo intelectual proponiéndose metas, para llegar a ser un profesional con todas las características que la profesión elegida exija.
    Para el desarrollo de cada profesión , arte u oficio, debe complementarla con cursos, seminarios, congresos que amplíen mas sus conocimientos acerca del comportamiento o su conducta en el ejercicio de las funciones asignadas en el paso de su vida, llegando así a ejercer la profesión con una verdadera ética profesional.
    Por tal razón nos motivamos a realizar este trabajo para descubrir los requisitos que por ética debe tener todo profesional en el ejercicio de sus funciones frente a la sociedad que le rodea, dando lo mejor a cambio de lograr nuestros objetivos propuestos.

    Objetivos (Propósitos)

    El objetivo de este trabajo es darnos cuenta de como debemos actuar en la vida laboral del mañana, ya que a partir de esto serán valoradas nuestras acciones tanto buenas como malas, también , aprender a relacionarnos humanamente con los demás.
    Por otro lado, pasan a formar parte de los objetivos los que mencionaremos a continuación:


  • Conocer los diferentes rasgos que debe tener una persona en cuanto a lo profesional se refiere.


  • Lograr ser un profesional al máximo conociendo sus deberes y derechos para darse por entero a su profesión.


  • Tratar de alcanzar las metas propuestas en el desarrollo de la profesión elegida.


  • Crear confianza hacia nuestra persona como profesional, frente a la sociedad que nos rodea

    Introducción

    La Ética es un concepto que encierra un gran significado, tanto en el ámbito personal como en el ámbito profesional. Mediante la Ética se hace posible un orden personal y, así mismo, esto conlleva a un orden público en general. Conlleva directamente a un régimen razonable y equitativo para todos, en lo que se refiere a la manera de pensar de cada individuo.
    Con la ausencia de este factor en cada uno de los diferentes aspectos en que nos desenvolvemos, se crearía una serie de problemas que tendrían como consecuencia un desorden personal en cada ser humano, lo que no traería resultados muy agradables para la sociedad. Es por tal razón que debemos trabajar con mas eficacia la moral con la que realizamos nuestros trabajos para realizarlos lo mas correcto posible, siempre y cuando podamos cumplir nuestros deberes como profesionales y exigir nuestros derechos como tal.
    Existen diferentes deberos y derechos que debemos tomar en cuenta, pero el que ahora nos concierne es el secreto profesional, donde cada profesionista no tiene derecho de divulgar información que le fue confiada para poder llevar a cabo su labor, esto se hace con el fin de no perjudicar al cliente o para evitar graves daños a terceros.
    A continuación, veremos de una forma más amplia y detallada acerca de lo que es Ética, Ética profesional, los derechos y deberes del profesional, la responsabilidad profesional y el secreto profesional.

    La Ética Profesional

    El vocablo ética proviene del griego y tiene dos significados. El primero procede del termino éthos, que quiere decir hábito o costumbre. Posteriormente se originó a partir de este la palabra êthos que significa modo de ser o carácter. Aristóteles considera que ambos vocablos son inseparables, pues a partir de los hábitos y costumbres es que se desarrolla en el hombre un modo de ser o personalidad.
    Su sinónimo latino es moris, de donde deriva el término moral. Tanto la ética como la moral señalan la línea demarcatoria entre lo lícito y lo ilícito, lo correcto y lo incorrecto, lo aceptable y lo inaceptable.
    La ética anida en la conciencia moral de todo ser humano y le sirve de motor, de freno o de dirección, según los casos, al momento de actuar. Por otra parte, el comportamiento ético, lo que llamamos rectitud, no es ingrediente ajeno al ejercicio profesional, como la pintura de una casa que es sólo un aspecto decorativo del cual puede prescindirse. El elemento ético es un componente inseparable de la actuación profesional, en la que pueden discernirse, al menos, tres elementos:
    • Un conocimiento especializado en la materia de que se trata,
    • una destreza técnica en su aplicación al problema que se intenta resolver y
    • un cauce de la conducta del docente cuyos márgenes no pueden ser desbordados sin faltar a la ética.
    Hay quienes atropellan, consciente y sistemáticamente, esos márgenes, la mayoría de las veces, no por un afán de lucro inmoderado como ocurre en otras profesiones, sino porque en el accionar diario las instancias de control se difuminan en beneficio de una mal entendida “convivencia armónica”; muchas veces a estos colegas se les califica como profesionales inmorales o que están faltando a la ética sin que exista un Código Profesional que sancione o respalde lo enunciado. Pero hay otros que ignoran y ni siquiera se preocupan de los límites éticos; de ellos se dice que son amorales.
    El resto, por fortuna aún la mayoría, somos simplemente profesionales de la educación que en forma natural hemos asumido entre otras las siguientes normas de convivencia:
    • Aceptar que la primera idea que debe venir a nuestra mente en el momento de enterarnos de actividades profesionales “poco claras” realizadas por un colega, será la consideración de esas actividades como realizadas por un profesional fraterno. El imperativo nos dirá: El docente se abstendrá absolutamente de utilizar adjetivos que representen un juicio subjetivo acerca de lo realizado previamente por un colega.
    • El docente evaluará todo trabajo profesional realizado por otros docentes desde una perspectiva objetiva, crítica y amistosa, otorgando a ellos el beneficio de la duda y considerando siempre que la información y circunstancias pasadas en cada caso, muchas veces no son tan claras y evidentes como lo son una vez que el problema ha evolucionado hasta el momento en que él hace una segunda valoración, y debe considerar la posibilidad de que los que se vieron involucrados en un hecho -por ignorancia o por voluntad- no necesariamente proporcionaron toda la información precisa y verídica en la indagación anterior. El imperativo nos dirá: El docente se abstendrá de emitir juicios condenatorios o de valor sin antes cerciorarse si se han hecho las indagaciones y verificaciones que el caso amerite.
    • No es ético, y si es dañino para el proceso educativo, el menosprecio de un docente, por razones maliciosas, respecto de su capacidad profesional, su conocimiento, sus calificaciones, sus habilidades o enjuiciar los servicios o acciones de otro docente, ni tampoco lo es la implicación con palabras, gestos o acciones de que un colega, frente a un hecho determinado ha sido mal o inadecuadamente manejado. La utilización de este impropio menosprecio con propósitos de inducir a un directivo, colega o funcionario a emitir juicios reprobatorios es totalmente condenada.
    • El docente debe el mayor respeto al trabajo y la persona de sus colegas de profesión, consecuentemente, evitará por todos los medios a su alcance y bajo cualquier circunstancia, lesionar con acciones o palabras -ni mucho menos difamar- el buen nombre y el prestigio de sus compañeros de profesión ante otros docentes, las autoridades, los medios de comunicación y la sociedad en general.
    Dicho de otra manera, las relaciones del docente con sus colegas han de estar fundadas en los principios de lealtad, mutuo respeto, consideración y justa solidaridad, el docente debe contribuir a que prime la armonía y la mejor relación humana entre los colegas de una misma institución; el docente deberá respetar en todo momento y circunstancias, el buen nombre, dignidad y honra del colega, abstenerse de toda expresión o juicio que pueda ir en mengua de su reputación y prestigio; el docente está inhibido para solidarizarse con el colega cuya labor sea deficiente, o su conducta moral resulte tan seriamente reprobable que desnaturalice y desprestigie su misión.
    La ética profesional está constituida por el conjunto orgánico de derechos y obligaciones morales, deriva sus finalidades y normas específicas, de la condición básica de persona en armonía con los anexos que implican exigencias del bien común.
    El objetivo de la ética en el terreno de la práctica profesional, es principalmente, la aplicación de las normas morales, fundadas en la honradez, la cortesía y el honor. La Ética tiene entre otros objetos, contribuir al fortalecimiento de las estructuras de la conducta moral del individuo.
    El hombre como ente social tiene misiones que cumplir para hacerse útil dentro del ámbito donde se desenvuelve. La formación profesional es un esfuerzo del individuo para el logro de una rango intelectual, que le permitirá una calificación superior y eficiente, así, ganará el profesional la obligación de disponerse, en toda ocasión, a devolver en parte siquiera, a la sociedad, algo de lo mucho que a ella debe reconocerle, justificando lo que no se puede dudar, que el profesionalismo es el orgullo de una sociedad y el triunfo de su futuro.
    Donde esta la importancia de la Ética Profesional.
    El comportamiento ético no es un asunto exclusivo de los profesionales. Concierne, sin duda, a toda actuación humana; pero compromete con mayor énfasis a quienes han tenido el privilegio de una formación de nivel superior a costa de toda la sociedad que ha debido contribuir a ella y que espera, justificadamente, una actuación correcta de quienes han disfrutado de esa preferencia selectiva.
    No olvidemos que, sin perjuicio de sus fundamentos religiosos, la ética es un valor cultural, propio de la sociedad y el tiempo en que se vive. Que la Universidad, principalmente agente receptor, generador y transmisor de la cultura de un pueblo, ha inculcado o debido inculcar en los estudiantes ese patrimonio valórico que todos compartimos. Y que, por lo mismo, cada Facultad o Escuela universitaria no sólo debe enseñar cómo ejercer una profesión, sino como ejercerla bien.
    Cabría, en este punto, formular una crítica enérgica a la actitud que se viene imponiendo en nuestras. En lugar de impartir la formación ética con la jerarquía que ella merece, Ética Profesional o está ausente del Programa de Estudios o sólo se ofrece como ramo optativo, siendo excepcional que ella constituya un soporte de la educación sistemática de un profesional.
    Es verdad que la formación ética llega a veces por otros cauces; y que la mejor enseñanza moral proviene del ejemplo del maestro y no del mero discurso. Pero cada profesión afronta problemas conductuales específicos que difícilmente se podrán resolver correctamente si no se les ha previsto y analizado en la etapa formativa, por eso mismo existen los Códigos de Ética de cada profesión, sin perjuicios de los principios y normas de la Ética General.



  • Por lo que nos preguntamos: -¿con qué grado de confianza se le puede exigir a un profesional, en el juramento de estilo, cumplir las reglas de su Código deontológico (tratado de los deberes de un profecional) si ni siquiera lo conoce?.
    A primera vista pareciera que las actuaciones antiéticas afectan sólo a las víctimas que las sufren. Desde luego, éstas son las primeras perjudicadas. Pero no son las únicas. Ellas disminuyen la honra y la autoestima de quienes las cometen; dañan notoriamente el prestigio de la respectiva profesión, cuya defensa constituye el primer objetivo de los Colegios Profesionales; pero, sobre todo, hiere a la comunidad de dos maneras: erosionan la confianza pública que es el cimiento necesario para el ejercicio de toda profesión y frustran la esperanza de un correcto servicio al que la sociedad tiene derecho por haber contribuido a formar esos profesionales a costa del sacrificio colectivo.
    No debemos olvidar que toda profesión no es sólo un modo de ganarse la vida y realizarse personalmente. Esta es sólo su dimensión individual. También las profesiones tienen un fin social y éste consiste en servir adecuadamente cada una de las necesidades que la sociedad debe satisfacer para posibilitar el bien común. Así, las necesidades de educación, de salud, de justicia, de comunicaciones, de obras de ingeniería y arquitectura y tantas otras, encuentran cobertura en el correcto ejercicio de las respectivas profesiones.
    De esta manera, las actuaciones contrarias a la ética no sólo dañan a quienes las sufren sino -principalmente- a la comunidad humana en que acontecen

    Deberes y derechos del profesional

    En virtud de su profesión, el sujeto ocupa una situación que le confiere deberes y derechos especiales, como se verá:
    Derechos:


  • La Vocación. La elección de la profesión debe ser completamente libre. La vocación debe entenderse como la disposición que hace al sujeto especialmente apto para una determinada actividad profesional. Quien elige de acuerdo a su propia vocación tiene garantizada ya la mitad de su éxito en su trabajo. En cambio, la elección de una carrera profesional sin tomar en cuenta las cualidades y preferencias, sino, por ejemplo, exclusivamente los gustos de los padres, o los intereses de la familia, fácilmente puede traducirse en un fracaso que, en el mejor de los casos, consistiría en un cambio de carrera en el primero o segundo año, con la consiguiente pérdida de tiempo y esfuerzo.


  • Finalidad de la Profesión. La finalidad del trabajo profesional es el bien común. La capacitación que se requiere para ejercer este trabajo, está siempre orientada a un mejor rendimiento dentro de las actividades especializadas para el beneficio de la sociedad. Sin este horizonte y finalidad, una profesión se convierte en un medio de lucro o de honor, o simplemente, en el instrumento de la degradación moral del propio sujeto.


  • El beneficio propio. Lo ideal es tomar en cuenta el agrado y utilidad de la profesión; y si no se insiste tanto en este aspecto, es porque todo el mundo se inclina por naturaleza a la consideración de su provecho personal, gracias a su profesión. No está de más mencionar el sacrificio que entrañan casi todas las profesiones: el médico, levantándose a media noche para asistir a un paciente grave; el ingeniero, con fuertes responsabilidades frente a la obra, etc. La profesión también gracias a esos mismos trabajos, deja, al final de cuentas, una de las satisfacciones más hondas.


  • Capacidad profesional. Un profesional debe ofrecer una preparación especial en triple sentido: capacidad intelectual, capacidad moral y capacidad física.
        • La capacidad intelectual consiste en el conjunto de conocimientos que dentro de su profesión, lo hacen apto para desarrollar trabajos especializados. Estos conocimientos se adquieren básicamente durante los estudios universitarios, pero se deben actualizar mediante las revistas, conferencias y las consultas a bibliotecas.
        • La capacidad moral es el valor del profesional como persona, lo cual da una dignidad, seriedad y nobleza a su trabajo, digna del aprecio de todo el que encuentra. Abarca no sólo la honestidad en l trato y en los negocios, no sólo en el sentido de responsabilidad en el cumplimiento de lo pactado, sino además la capacidad para abarcar y traspasar su propia esfera profesional en un horizonte mucho más amplio.
        • La capacidad física se refiere principalmente a la salud y a las cualidades corpóreas, que siempre es necesario cultivar, como buenos instrumentos de la actividad humana.
    Deberes :
    Los Deberes Profesionales. Es bueno considerar ciertos deberes típicos en todo profesional. El secreto profesional es uno de estos, este le dice al profesional que no tiene derecho de divulgar información que le fue confiada para poder llevar a cabo su labor, esto se hace con el fin de no perjudicar al cliente o para evitar graves daños a terceros. El profesional también debe propiciar la asociación de los miembros de su especialidad. La solidaridad es uno de los medios más eficaces para incrementar la calidad del nivel intelectual y moral de los asociados. En fin al profesional se le exige especialmente actuar de acuerdo con la moral establecida. Por tanto, debe evitar defender causas injustas, usar sus conocimientos como instrumento de crimen y del vicio, producir artículos o dar servicios de mala calidad, hacer presupuestos para su exclusivo beneficio, proporcionar falso informes, etc. Cuando un profesional tiene una conducta honesta, dentro y fuera del ejercicio de su profesión, le atraerá confianza y prestigio, lo cual no deja de ser un estímulo que lo impulsará con más certeza en el recto ejercicio de su carrera.
    Los deberes son exigencias, imposiciones indeclinables, recaídas sobre la responsabilidad del individuo, que mientras mejor los cumple, más derecho tiene a la feliz convivencia social.
    El deber puede catalogarse en el grupo de las obligaciones morales. Estas son deudas morales de obligado acatamiento por la fuerza de la razón sana del individuo. El cumplimiento del deber es un rasgo enaltecedor, relevante de la conducta humana. En el orden privado, habla elocuentemente de la educación del individuo y de la pureza de sus propias concepciones, en el ámbito público afianza sus relaciones sociales y le aseguran el éxito, que es aspiración constante del hombre.
    Por ende cada profesional tiene la indeclinable obligación de convertirse en medio ejecutor de sus deberes. Para ello le es ineludible disciplinar sus actuaciones técnicas y científicas, perfeccionar su carácter y fortalecer su conducta dentro de las normas éticas. Este es el medio más apropiado para organizar una verdadera actuación profesional.
    Entre los principales deberes profesionales podemos mencionar: honradez, honestidad, estudio, investigación, cortesía, probidad, independencia, discreción, carácter, distribución del tiempo, equidad en el cobro de honorarios, prestigiar la profesión, cuidar de su cultura, puntualidad, solidaridad, etc..

    Responsabilidad del profesional

    La responsabilidad debe trazar el rumbo hacia los actos aceptables, a las acciones fecundas, actos justos y conscientes, reveladores de la buena fe y la capacidad profesional.
    Un profesional tiene la obligación de tener orden ético como afianzamiento de su personalidad.
    El profesional responsable trata por todos los medios de que sus actos sean aceptables, para no cargar con una censura justa, ni con el conflicto de una retractación.
    El profesional que se hace cargo de determinada tarea o trabajo propio de su carrera, asume responsabilidad ante quien le hace la encomienda. Debe tratarlo con el cuidado que le impone su dignidad de profesional, estudiarlo con dedicación, tratarlo con interés técnico y resolverlo conforme a los medios y conocimientos que su real saber y entender le dictan. Sin embargo, puede darse el caso de que se tenga dudas respecto al resultado del problema planteado en el asunto, razón suficiente para que, por el mismo sentido de responsabilidad profesional, recurra a la consulta y a cualquier fuente orientadora para darle la adecuada terminación; pues lo censurable sería dar al cliente una respuesta descabellada, sin fundamento o en forma errada, por falta de diligencia o dedicación al caso.
    La responsabilidad profesional se opone a la opinión ligera, vana. Es más, la responsabilidad se manifiesta en la postura de sinceridad demostrada por el profesional, cuando prefiere rechazar un trabajo del que no está consciente o con el cual puede poner en juego su prestigio.
    La responsabilidad es una distinguida expresión de la personalidad y por eso el profesional que adviene a la sociedad, tiene la obligación de adoptar una conducta opuesta al charlatanismo.
    La idea de la responsabilidad no se limita exclusivamente al aspecto moral, sino que, por su misma fuerza ética compromete y obliga a la reparación del daño causado por la culpa personal o de quien se debe responder. Así que la responsabilidad abarca además otras actividades humanas: en las relaciones internacionales, en derecho público, en derecho penal, y en derecho privado.

    El secreto profesional

    El secreto profesional es un deber del profesional, este le dice al profesionista que no tiene derecho de divulgar información que le fue confiada para poder llevar a cabo su labor, esto se hace con el fin de no perjudicar al cliente o para evitar graves daños a terceros.

    El secreto profesional entre los derechos humanos


    «La mejor fuente de información son las personas que han prometido no contárselo a otros.»



  • Marcel Mart
    En una sociedad que demanda información, rebosante de curiosidad y con exceso de morbo, el reinado de los medios de comunicación ha desencadenado un hecho que debe llamar a todos a la reflexión.
    Actualmente, las personas actuamos, de forma muy frecuente, como clasificadores de los derechos humanos, defendiendo a ultranza unos y despreciando manifiestamente otros. Este hecho se hace más evidente si se analiza lo que está sucediendo con tres de aquellos: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal y el derecho a la intimidad.
    Estos derechos, que han encontrado su reflejo en nuestro ordenamiento constitucional, reciben un trato que bien puede calificarse como discriminatorio. Así, existe un consenso general en condenar los actos que comprometen la vida y la salud de las personas, pero al mismo tiempo, sea con nuestra curiosidad o con nuestra imprudencia, fomentamos un desprecio manifiesto hacia su derecho a la intimidad.
    Esta situación se ha plasmado, en el ámbito de la medicina, en una actitud laxa y poco rigurosa en la custodia del secreto profesional, que se encuentra indisolublemente ligado a ella

    Conclusión

    Para concluir, el buen empleo y uso de los conocimientos morales e intelectuales que nos provee la ética como dogma de comportamiento, es la clave que nos llevará al éxito, no sólo como personas, sino también como entes que desempeñamos funciones en una sociedad en la que cualquier manera de pensar o actuar nuestra influirá directa o indirectamente.
    Entendemos que la ética se ocupa de las normas de la conducta humana, si aplicamos esta definición al término “ética profesional” nos daremos cuenta de que se refiere al conjunto de normas que rigen a quienes se consideran ser profesionales, aunque no siempre sean cumplias por éstos. Conocímos que algunos de los deberes del profesional son la solidaridad, estar de acuerdo con la moral establecida, el secreto profesional, (este le dice al profesional que no tiene derecho de divulgar información que le fue confiada para poder llevar a cabo su labor), etc. También algunos de sus derechos, tales como: la elección de la profesión es completamente libre, el beneficio propio, la capacitación, etc.
    Por ultimo se definió lo que es la responsabilidad profesional, y se dijo que ésta debe trazar el rumbo hacia los actos aceptables, hacia las acciones fecundas, actos justos y conscientes, reveladores de la buena fe y la capacidad profesional.

    Bibliografía



  • “Etica en la Profesión: La conexión ética”.- Jorge Carlos Beneito sj. Universidad Pontificia Comillas ICAI - ICADE Departamento de Pensamiento Social Cristiano. Madrid España.

  • Enciclopedia Microsoft Encarta 2000.

  • Diccionario enciclopédico Larousse

  • Enciclopedia Quillet.

  • www.yupimsn.com

  • www.altavista.com

  • www.google.com

  • Noche del amor insomne de Federico García Lorca



    Noche arriba los dos con luna llena,
    yo me puse a llorar y tú reías.
    Tu desdén era un dios, las quejas mías
    momentos y palomas en cadena.

    Noche abajo los dos. Cristal de pena,
    llorabas tú por hondas lejanías.
    Mi dolor era un grupo de agonías
    sobre tu débil corazón de arena.

    La aurora nos unió sobre la cama,
    las bocas puestas sobre el chorro helado
    de una sangre sin fin que se derrama.

    Y el sol entró por el balcón cerrado
    y el coral de la vida abrió su rama
    sobre mi corazón amortajado.


    02 enero 2012

    Muy feliz año nuevo 2012 a todos ustedes!

    12 noviembre 2011

    CHARLY GARCÍA & THE PROSTITUTION - GRAN REX- 29/10/2011-"Detrás de las paredes" - YouTube

    27 septiembre 2011

    ¡¡Vuelve el más grande del Rock Nacional: CHARLY GARCÍA!!

    TEATRO GRAN REX. BUENOS AIRES. ARGENTINA




    Jueves 27 de octubre. 21 hs. "LA VANGUARDIA ES ASÍ"


    Sábado 29 de octubre. 21 hs. "DETRÁS DE LAS PAREDES"


    Martes 1 de noviembre. 21 hs. "EL ÁNGEL VIGÍA"


    Conseguí tu entrada aquí

    27 junio 2011

    Solo un fantasma




    Era una bonita niña, encarcelada y atrapada en su propia textura, que solo percibía la desdicha de los suyos.
    Los fieros lamentos; los prestos tiempos de la difusión.

    Aquel día caminó hacia la iglesia. Él no estaba. Arrojó los chocolates que le había traído. Levantó los bolsos con sus libros y partió rauda y engalanada en su jumper del secundario hacia la casa.
    Él la espiaba a varias cuadras; la dejaba irse.
    No repitió lo de aquel verano que la había transportado tanto, no. Esta vez no.
    Caminó numerosas cuadras por el barrio. Su cuerpo estaba cansado. El vientre le golpeaba tras la piel y el ombligo.
    Era un feo día de invierno; de un junio gris, lluvioso y húmedo.
    Ahora huía finalmente.
    No podrían encontrarla.
    Ya jamás la buscarían entre ningún sitio ni siquiera en la penumbra nocturna que la cobijaba. Ella yacía adormecida de dolores. Los párpados querían cerrarse y a pesar de ser una temprana tarde, los gallos del vecino emitían sus sonidos enloquecidos.

    Unos que otros pajaritos gorjeaban encima de los cables.
    Los ventanales de su día se habían repletado de la llovizna al norte, al este y al oeste. El silencio volvía hacia ella y un malestar envolvía su ser...

    Creía morir. En verdad quería morir...¡Está lejos! ¡Sí!, se ha alejado mucho.
    Un humilde adiós se escuchó entre las cosas. Era una despedida que dejaba cierta lejanía. De solo espiarla era un simple objeto ya; una cosa; un fantasma...

    Aún la tarde no se quitaba el velo.
    Ella reconocía el engaño en todo.Bien sabía que nada ni nadie eran de ella.
    ¡Qué poco poseía!
    Sólo un cúmulo torrente que se hurtaba sus lágrimas y ahuecaba su dolido pecho.

    No, Santiago ya no volvería.
    Sola... esta vez quedaría encarnada en la tarde. En la húmeda, triste y grisácea tarde de Junio.
    ¿Cómo pudo fallarse a sí misma?
    ¿Cómo al mirar esa ventana se le turbaban las ideas y todo lo claro que pudiera ella tener otra vez era angustia?

    Pisó esa tierra y los ojos se le desnudaron otra vez. Lágrimas que se deslizaban con brío por los cristales de aquel sitio.
    Ella se creía la dama.
    La dulce dama en la cúpula de la gótica iglesia.
    Esa iglesia donde lo esperaba. Y no era nada. No era esa la verdad. La realidad la veía hecha un nudo en el asiento de un coche viejo.
    Un nudo en la garganta; en su estómago...
    ¡Si hasta los reos sentían más libertad que la de ella!

    El destino siempre se ensañaba con su suerte.

    "Los gansos siempre vuelan juntos. Míralos en el cielo. Ve el milagro de las hojas moverse. Encuéntrame contigo, no estás sola. Nunca estarás sola" le decía él.

    Sí, aparentemente los milagros existían en cada instante y lloraba agradecida por ello. Necesitaba enjoyarse el espíritu y el alma de las bellezas que la vestían cada día. Esas, sus ilusiones de una naturaleza que la abrazaba y la mecía.

    Ahogada sintió el infierno entrando en su piel. Una festiva llovizna mojó las callecitas y veredas, y la brizna apenas torcía sus formas en el jardín.

    -¡Aguanta, barquezuela errante! ¡No te duelas , por favor!

    Las ideas se le disparaban atolondradas. Algo pujante surgía. Era ella, la poeta oculta. El fantasma que luego de tanto tiempo emergía. Renacía en esta niña, un corazón enloquecido y aprisionado.
    Ella, una mujercita vibrante mezcla de bálsamo simple y de cruel hermosura...

    Aquel atardecer se preguntó sobre los robles, los duros y resistentes robles que toleran los doloridos hachazos con calma.

    ¿Qué engañoso mar desteñía las hojas que se le escapaban del corazón? Sus hojas de poesías...
    ¿Cuánta luz fue capaz de irradiar anoche, o la otra noche, o la noche anterior a la de anoche?
    Y era un néctar de metáforas la saliva de su lengua. Y
    acogedora arboleda, el oscurecer de esa siesta.
    No hay montañas aquí; todo es llano. Solo ella parece una cima que se cae en un río imaginario. Fatigada, desconsolada y con tanto para dar...





    Pero, sin embargo, se dejó morir cobardemente.

    Creative Commons License










    ® Norah Perlatt.Fecha de creación 27/06/03 16:24 P.M.

    TENEMOS QUE SER FUERTES

    18 junio 2011

    EXQUISITO


    "Mousikē es un concepto griego que significa “el arte de las musas”. De allí deriva la palabra música, que define al arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios. Para esto, se utilizan los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo.

    La música es un producto cultural que busca suscitar una experiencia estética en el oyente. También constituye un estímulo en el campo perceptivo del hombre, que puede cumplir con distintas funciones, como el entretenimiento, la ambientación o la comunicación.


    http://noraemephe.wordpress.com/2009/04/25/exquisito/


    16 junio 2011

    SIEMPRE


    Mil veces dejar caer eso:lo que se te escapa por los ojos; casi arañando la grotesca partida de tus pasos en falso.
    De todos modos te sonríes como un holograma.
    Otra cosa mejor llegará, te dices...
    Y él te habla de casualidades, pero este otro de causalidades.
    Finalmente te das cuenta de la infamia de esa desazón. De la tristeza abismal de los días y las noches de atroz silencio en las que como un samurai se te moría el corazón en dos gemelas partes confusas: la temerosa prudencia del enemigo y la justa animosidad del honor.
    Jamás te olvides que la venganza es un plato que se come frío, te aconsejaba:
    cuando ya nadie te respeta...
    cuando ya nadie te precisa
    cuando ya nadie te molesta
    cuando ya nadie te extraña
    cuando ya nadie te habla
    cuando ya nadie te lee
    cuando ya nadie te...
    cuando ya nadie...
    cuando ya...

    ¿Cuándo?

    ¡Y TE ENCONTRARÉ A 50 AÑOS LUZ, AMOR!

    Física en la Ciencia Ficción: Por qué no vemos viajeros del tiempo: 10 razones como 10 soles

    Física en la Ciencia Ficción: Por qué no vemos viajeros del tiempo: 10 razones como 10 soles:

    15 junio 2011

    31 diciembre 2010

    03 diciembre 2010

    Oratoria y seducción: la palabra del político

    La palabra del político no sólo explica la realidad sino que ha de crear una nueva; no sólo despierta, orienta y estimula deseos de cambios de pensamiento, de actitudes y de conductas en los oyentes, sino que, también genera otra concepción del bienestar: construye y destruye mundos. La palabra retórica es acción eficaz.

    La fuerza de las propuestas políticas depende, en gran medida, de la habilidad del orador para explicarlas y de su destreza para lograr que los destinatarios las acepten y se identifiquen con los líderes y con los mensajes. Este planteamiento supone el análisis de los discursos políticos desde perspectivas psicológicas, éticas y retóricas.

    Si la enunciación supone un acto individual, la implicación del locutor en su propio discurso, de una u otra manera, resulta inevitable. Sin embargo, las marcas de esa presencia pueden ser más o menos abundantes dependiendo de las intenciones discursivas.

    Abordar el liderazgo político desde el punto de vista de la enunciación permite comprender que un dirigente no es otra cosa que un operador complejo, por el que pasan los mecanismos de construcción de una serie de relaciones fundamentales: del enunciador con sus destinatarios y con las entidades imaginarias que configuran el espacio propio al discurso político. Comprender esta conexión de relaciones es una condición indispensable para identificar la especificidad de los mecanismos a través de los cuales, dentro de un movimiento político determinado, se genera la creencia y se obtiene la adhesión.

    No es posible concebir un sujeto hablante sino como un locutor que dirige su discurso a otro: el yo implica necesariamente el tú, pues el ejercicio del lenguaje es siempre un acto transitivo, apunta al otro, configura su presencia. Esta condición dialógica es inherente al lenguaje mismo.

    Además, todos los discursos —orales o escritos— poseen un contradiscurso y, por ende, su carácter verdadero o falso, aunque la legitimidad de éstos nunca es intrínseca, sino que siempre es externa y otorgada por el grupo que recibe el mensaje.

    En cuanto a los destinatarios (prodestinatarios, contradestinatarios y paradestinatarios), resulta de suma importancia que puedan escuchar, leer, pero ante todo, comprender ciertas elecciones léxicas, sintácticas y textuales del hablante / escritor y que logren, gracias a esto, conocer el funcionamiento del lenguaje que les pueda brindar elementos para mejorar su procesamiento discursivo.

    Los candidatos o emisores, en el momento de redactar su alocución, deben sin lugar a dudas, analizar de modo exhaustivo: ¿Quién dice qué?; ¿en qué canal?; ¿a quién?; ¿con qué efecto?, ya que la realidad política actual exige ver, con mucha atención, al receptor del discurso político que, a través de los diferentes medios masivos, recibe la información como nunca antes. Esto, debido a que el desarrollo tecnológico experimentado en los últimos tiempos —a través de novísimas técnicas de interés con relación a las operaciones que realiza el enunciador en su discurso según la construcción de su liderazgo— le abrió la puerta principal de la esfera política.

    En palabras que tomamos de Gilles Deleuze concluiremos que:

    En lugar de ser una cosa dicha de una vez para siempre y perdida en el pasado, el enunciado, a la vez que surge en su materialidad, aparece con un estatuto, entra en unas tramas, se sitúa en campos de utilización, se ofrece a traspasos y a modificaciones posibles, se integra en operaciones y en estrategias... circula, sirve, se sustrae..., entra en el orden de las contiendas y de las luchas, se convierte en tema de apropiación o de rivalidad (1996: 176-177).

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    Oratoria y seducción: la palabra del político

    La palabra del político no sólo explica la realidad sino que ha de crear una nueva; no sólo despierta, orienta y estimula deseos de cambios de pensamiento, de actitudes y de conductas en los oyentes, sino que, también genera otra concepción del bienestar: construye y destruye mundos. La palabra retórica es acción eficaz.

    La fuerza de las propuestas políticas depende, en gran medida, de la habilidad del orador para explicarlas y de su destreza para lograr que los destinatarios las acepten y se identifiquen con los líderes y con los mensajes. Este planteamiento supone el análisis de los discursos políticos desde perspectivas psicológicas, éticas y retóricas.

    Si la enunciación supone un acto individual, la implicación del locutor en su propio discurso, de una u otra manera, resulta inevitable. Sin embargo, las marcas de esa presencia pueden ser más o menos abundantes dependiendo de las intenciones discursivas.

    Abordar el liderazgo político desde el punto de vista de la enunciación permite comprender que un dirigente no es otra cosa que un operador complejo, por el que pasan los mecanismos de construcción de una serie de relaciones fundamentales: del enunciador con sus destinatarios y con las entidades imaginarias que configuran el espacio propio al discurso político. Comprender esta conexión de relaciones es una condición indispensable para identificar la especificidad de los mecanismos a través de los cuales, dentro de un movimiento político determinado, se genera la creencia y se obtiene la adhesión.

    No es posible concebir un sujeto hablante sino como un locutor que dirige su discurso a otro: el yo implica necesariamente el tú, pues el ejercicio del lenguaje es siempre un acto transitivo, apunta al otro, configura su presencia. Esta condición dialógica es inherente al lenguaje mismo.

    Además, todos los discursos —orales o escritos— poseen un contradiscurso y, por ende, su carácter verdadero o falso, aunque la legitimidad de éstos nunca es intrínseca, sino que siempre es externa y otorgada por el grupo que recibe el mensaje.

    En cuanto a los destinatarios (prodestinatarios, contradestinatarios y paradestinatarios), resulta de suma importancia que puedan escuchar, leer, pero ante todo, comprender ciertas elecciones léxicas, sintácticas y textuales del hablante / escritor y que logren, gracias a esto, conocer el funcionamiento del lenguaje que les pueda brindar elementos para mejorar su procesamiento discursivo.

    Los candidatos o emisores, en el momento de redactar su alocución, deben sin lugar a dudas, analizar de modo exhaustivo: ¿Quién dice qué?; ¿en qué canal?; ¿a quién?; ¿con qué efecto?, ya que la realidad política actual exige ver, con mucha atención, al receptor del discurso político que, a través de los diferentes medios masivos, recibe la información como nunca antes. Esto, debido a que el desarrollo tecnológico experimentado en los últimos tiempos —a través de novísimas técnicas de interés con relación a las operaciones que realiza el enunciador en su discurso según la construcción de su liderazgo— le abrió la puerta principal de la esfera política.

    En palabras que tomamos de Gilles Deleuze concluiremos que:

    En lugar de ser una cosa dicha de una vez para siempre y perdida en el pasado, el enunciado, a la vez que surge en su materialidad, aparece con un estatuto, entra en unas tramas, se sitúa en campos de utilización, se ofrece a traspasos y a modificaciones posibles, se integra en operaciones y en estrategias... circula, sirve, se sustrae..., entra en el orden de las contiendas y de las luchas, se convierte en tema de apropiación o de rivalidad (1996: 176-177).

    Mary J. Blige, U2 - One

    02 diciembre 2010

    «Norma y uso en el lenguaje escrito» José Martínez de Sousa


    Para las recientemente celebradas XII Jornadas en torno a la traducción literaria se me encargó que presentara una ponencia sobre «Norma y uso en el lenguaje escrito». Como es sabido, el tema da de sí para un tratamiento amplísimo, así que el primer paso consistió en ponerle unos límites.

    Empecé hablando de la norma y tratando de explicarla. ¿Qué es una norma? Cuando la aplicamos al lenguaje, una norma es una regla o conjunto de reglas restrictivas que definen lo que se puede elegir entre los usos de una lengua si se ha de ser fiel a cierto ideal estético o sociocultural. La norma es restrictiva porque impide utilizar todo el lenguaje, el cual, para desenvolverse dentro de la norma, debe prescindir de aquello que no cabe entre sus límites. Precisamente para someterse a la norma hay que elegir entre los usos admitidos de esa lengua, que, lógicamente, no son todos los usos. Finalmente, cumpliendo la norma se es fiel a cierto ideal estético o sociocultural, es decir, que la norma persigue que el hablante se proponga como meta de su lenguaje un ideal, el cual puede ser estético o sociocultural. Como se adivina fácilmente, la vitalidad de una lengua se manifiesta siempre o casi siempre más allá de los límites de la norma, cuya trasgresión suele resultar enriquecedora y creativa.

    La norma lingüística la establece una institución que tiene esa función (en nuestro caso, la Real Academia Española). Con todo, es importante tener en cuenta que todas las lenguas de cultura tienen un organismo, una institución, una entidad o una obra que tienen la función de indicar lo correcto y admisible. En nuestro caso la norma la emite la Academia, y aunque no siempre sea perfecta y a veces tampoco adecuada, es lo cierto que los hispanohablantes, en general, la aceptan y la cumplen. Sin embargo, hay que llamar la atención acerca del hecho de que nada ni nadie nos obliga a aceptar la norma académica. Ninguna ley o disposición obliga a escribir o hablar tal como lo manda la Academia. Lo que sucede es que a todos nos interesa someternos a unas normas que, aceptadas y cumplidas, nos permiten la intercomunicación de todos los hispanohablantes con el mínimo de dudas y ambigüedades posible, puesto que el referente es común.

    Frente a la norma, pero no exactamente en contra, está el uso, que podemos definir, en nuestro caso, como el conjunto de realidades lingüísticas descriptivas que tienen vida propia, pero que no se someten necesariamente a las normas académicas. Podríamos decir que la norma surge del uso, del conjunto de formas lingüísticas que la sociedad utiliza en su de-senvolvimiento diario. Desde hace tiempo dice la Academia que basa sus normas en el uso de los buenos escritores, sin que se haya sabido nunca cuáles son los buenos escritores. Se puede colegir, no obstante, que la Academia se refiere al uso de los escritores de cierta élite formada por novelistas, poetas, aristócratas, eclesiásticos, etcétera, muchos de los cuales han pertenecido a la nómina de académicos desde la fundación misma de la institución en 1713.

    El concepto de incorrección surge precisamente del encuentro entre el uso y la norma. Resulta fácil para la generalidad de las personas tachar de incorrecto todo aquello que no se ajusta a la norma lingüística de origen académico. Es un error básico. El uso, que es descriptivo, está y debe estar libre de ataduras normativas, por más que el cañamazo del lenguaje popular deba ser, en parte al menos, normativo. No sería posible renovar y enriquecer la lengua si solo pudiéramos utilizar formas normativas. Por el contrario, la misma Academia, madre de la norma, debe aceptar que el uso la rebase y vaya más allá, porque solo así le es posible analizar ese uso y advertir por dónde discurre el lenguaje real, no el institucional.

    Entre los problemas que el uso de la lengua nos presenta a todos (y no solo a la Academia) están los neologismos, especialmente los extranjerismos (y, dentro de ellos, los anglicismos). Los anglicismos son hoy un problema en todas las lenguas, como antes lo fueron el francés, el italiano o el alemán, si bien estos nunca alcanzaron el grado de ahogamiento que el inglés presenta en la actualidad. La Academia se ha mostrado siempre remisa a la hora de tratar de resolver el problema que presentan los anglicismos que constantemente entran en español. Pero dejar pasar el tiempo, que parecía la postura académica hasta hace poco, o admitirlos tal cual no resuelve el problema que los anglicismos conllevan. Parece que de cara a las publicaciones normativas académicas del futuro inmediato (el diccionario, la gramática y la ortografía, a la que se suma actualmente el diccionario panhispánico de dudas) la institución madrileña ha optado por una política más realista y mucho más acertada: adaptarlos (es decir, adaptar su grafía) o traducirlos, entre otras soluciones menos sistemáticas. El acierto de esta opción está por demostrar, pero parece más acertada que la mantenida hasta aquí.

    Por otro lado, debe destacarse también la negatividad del hablante español a la hora de formar o aceptar neologismos que resulten necesarios en determinado contexto. ¿Se atrevería el lector a utilizar el adjetivo impeorable o a hablar de la cuadratidad de lo cuadrado o de la encineidad de las encinas? Es probable que ante casos así el lector se quede indeciso. Son solo muestras de la decisión que a veces deben mostrar el escritor y el traductor ante situaciones límite.

    Esta postura de rechazo del neologismo y el extranjerismo se encuadra en lo que pudiéramos llamar el respeto al genio de la lengua, algo así como la Constitución no escrita del lenguaje, lo propio de una lengua, su temperamento. Sin embargo, el genio de la lengua como protector de esa lengua es algo acientífico, por más que a veces nos sirva para admitir o rechazar ciertas cuestiones relacionadas con el lenguaje. Si por el genio de la lengua fuera, la lengua seguiría toda la vida siendo como ahora, es decir, sin admitir los cambios que la dinámica vital exige e impone de forma natural.

    Terminó mi intervención en las referidas jornadas con una reflexión acerca de la fidelidad a la norma. La conclusión a que llegaba es que la sujeción a ultranza a la norma no es buena para el progreso de la lengua, aunque tampoco se deba tomar el camino contrario de forma absoluta. Tal vez en el medio está la virtud.

    ESPECIAL "EITI LEDA" PARA MÍ

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